Registros, movimientos, controles, documentación y datos ambientales forman parte del día a día de cualquier granja de cerdos. La digitalización ayuda a estructurar toda esa información y, sobre todo, a no perder tiempo.
Gestionar una granja de cerdos va mucho más allá de cuidar a los animales, revisar las naves o vigilar los índices productivos. Hoy, una parte considerable de la jornada se va en anotar, actualizar, guardar y buscar papeles e información de todo tipo.
Movimientos de animales, bajas, recetas, censos, inspecciones, gestión de purines… La lista es larga. El Real Decreto 306/2020 exige a las granjas de cerdos mantener al día un libro de registro completo sobre su actividad. Este registro puede llevarse en papel o de forma informatizada, pero siempre debe estar a punto ante cualquier inspección.
A las exigencias oficiales se suma la información del día a día necesaria para que la granja funcione bien: consumos de agua y pienso, clima interior, avisos de equipos, incidencias o la evolución de cada lote.
Al final se junta un volumen enorme de datos. El problema práctico aparece cuando esa información queda repartida en carpetas, libretas, archivos sueltos y distintas pantallas: localizarla, tenerla al día y sacarle partido acaba suponiendo demasiado tiempo.
El equipamiento de granjas ha avanzado enormemente en automatismos, alimentación y control de clima. La gestión de los datos debe seguir esa misma senda.
Una granja genera información continuamente
La mayoría de estos datos no se toman solo para cumplir con la administración. Es importante tener en cuenta que son herramientas indispensables para saber qué pasa realmente en la nave y tener una trazabilidad detallada de todo lo que sucede.
Un cambio repentino en el consumo de agua, una variación de temperatura o una subida en los niveles de gases son señales clave para el manejo. Ocurre lo mismo con los registros productivos o con esas pequeñas incidencias que se repiten sin darnos cuenta.
El reto fundamental no es guardar datos sin más, sino hacer que estén a mano y sirvan para tomar decisiones rápidas.
Durante años, las anotaciones a mano en la libreta eran el método estándar. Con el tiempo se sumaron las hojas de cálculo, programas de gestión específicos y los mandos informáticos de las granjas. Todo esto supuso un avance, pero también provocó que la información quedara dispersa en muchos sitios diferentes.
Un dato está en la libreta del vestuario, otro en un Excel en la oficina y otro únicamente puede verse entrando en la aplicación del software que controla la ventilación, por ejemplo.
En resumen, digitalizar tiene sentido cuando elimina este tipo de enredos y simplifica el trabajo.
Pasar de la libreta a la pantalla no siempre es simplificar
Copiar un dato de un cuaderno a una aplicación es digitalizarlo, pero eso no garantiza que el ganadero ahorre tiempo.
Si hay que seguir mirando, anotando y tecleando cada dato de forma manual, en realidad solo hemos cambiado el papel por un teclado.
La ventaja llega cuando toda la información se unifica y, sobre todo, cuando los equipos de la granja recopilan, guardan los datos de forma automática y los suben a un software donde se recopilan.
Una granja bien equipada genera datos de continuo. Entre otros, los sensores miden temperatura, humedad, niveles de amoníaco o dióxido de carbono y el nivel del pienso en los silos.
En Ojefer llevamos tiempo poniendo estas tecnologías al alcance de todos los ganaderos y enseñando a integrar la información para que sea muy sencillo consultar qué ocurre en las naves en cada momento.
De este modo, controlar la granja deja de depender exclusivamente de la visita puntual a la nave. Los datos quedan registrados de forma continua, creando un histórico que permite auditar lo sucedido en cualquier fecha o descubrir tendencias que antes pasaban desapercibidas.
Registrar datos para decidir mejor
Un registro cumple su función oficial si sirve para acreditar el cumplimiento de la norma, pero, además, puede adquirir un valor práctico cuando se cruza con los datos del día a día de la granja.
La monitorización por sensores es el mejor ejemplo. Saber la temperatura actual de la nave es útil, pero ver la curva de temperatura durante toda la noche permite comprender exactamente el rendimiento del sistema de ventilación y calefacción.
Lo mismo ocurre al relacionar parámetros: temperatura, humedad, CO₂, NH₃, consumo de agua o ventilación están interconectados. Analizar de un vistazo esa evolución conjunta facilita identificar fallos, buscar causas y confirmar si un ajuste en la regulación da el resultado esperado.
El Libro del Ganadero dentro del entorno digital
Con esta visión, destacamos ejemplos de Libros del Ganadero Digitales: con ellos se busca que la gestión administrativa conviva de forma natural con las lecturas de los sensores de la granja en un único espacio.
No se trata de complicarle la vida al ganadero ni de obligarlo a rellenar más formularios digitalizados. El objetivo es justamente el contrario: que consultar cualquier dato, revisar un registro o alinear trámites lleve el menor esfuerzo posible.
Si surge un problema en un lote, revisar el comportamiento del ambiente en los días previos da pistas muy claras sobre qué ha podido pasar. De igual forma, echar un vistazo a los parámetros desde el móvil permite saber que todo va bien sin tener que desplazarse de propósito a la nave a cada momento.
Con este tipo de APP, lo que se pretende es trabajar en esta línea: unificar la información que antes estaba desperdigada y facilitar su consulta desde un único punto para lograr que la información útil esté ordenada, accesible al momento y, siempre que se pueda, capturada automáticamente por las propias instalaciones.

Menos tiempo buscando papeleo, más tiempo en el manejo
La carga de trámites en el sector porcino ha llegado para quedarse… Las exigencias normativas nos obligan a mantener al día multitud de registros e informes. Lo que sí podemos cambiar es cómo afrontamos ese trabajo.
Centralizar la información, disponer de datos históricos y conectar los libros oficiales con las lecturas de los sensores evita tener la información dispersa en diferentes sitios. Y nos ayuda a conseguir algo fundamental: aprovechar esos datos para mejorar la rentabilidad y el manejo de la granja.
Al fin y al cabo, tomar nota de un dato para guardarlo en una carpeta sin volver a mirarlo sirve de muy poco. Porque en una granja que no para de generar datos, necesitamos herramientas que nos quiten trabajo, no que nos lo añadan.
